qué es la sintonía con Gaia

¿Qué es la sintonía con Gaia?

Es recuperar la memoria perdida, activar la conciencia de nuestros genes y saber quién fuimos, quién somos y quién seremos.

Muchas veces nos podemos preguntar qué es sintonizar con algo o con alguien. Es muy fácil de sentir, pero un poco más difícil de explicar.

Nuestros gustos, aquello a lo que somos afines, lo que nos disgusta o con lo que definitivamente no estamos de acuerdo…

Muestran una sintonía o falta de la misma.

Se dice también que es estar en la misma “onda”. Y es que todo son frecuencias energéticas y niveles de vibración.

Los antiguos griegos llamaban Gaia (o Gea) a la Tierra. Cada cultura indígena le ha dado su propio nombre, según las características e idiosincrasia de la población y el momento en el que han poblado la tierra.

Los mitos y las leyendas de los nativos, de todas las latitudes, son los leves recuerdos que nos han quedado de un pasado, aunque remoto, no tan antiguo.

En los momentos actuales que vivimos, tan preocupados por ganar dinero, por nuestro trabajo o los conflictos que podamos estar pasando, tan preocupados por lo que nos vamos a poner o cuándo vamos a quedar con nuestras amistades para ir de compras o pasar un rato divertido, se nos ha olvidado que lo más importante es lo que nos “nace” de nuestro interior.

¿Es posible que estemos tan vacíos que nos hayamos olvidado de quiénes somos y de dónde hemos venido?

Gaia, como planeta, nos acoge, nos nutre, nos soporta y, cuando llega el momento de devolverle nuestro cuerpo físico, también lo recibe como una madre amorosa.

Para ella, toda la biodiversidad que se manifiesta sobre su superficie, en sus aguas y dentro de la tierra, no es más que un conjunto de seres diminutos que deberían actuar en simbiosis y armonía plena, entre sí y con el planeta.

Simbiosis significa realizar acciones de ayuda y beneficio mutuo. Nosotros extraemos todo lo que necesitamos de la tierra: energía (combustibles fósiles), alimento, ropa, materiales para construir nuestros hogares y otras edificaciones. Pero, ¿qué le damos a la tierra?

Ella tan solo nos pide que le devolvamos lo que ya no nos sirve en una forma que pueda utilizarlo para volver a comenzar el ciclo de la vida.

La vida que circula por el interior de Gaia es mineral

Pero nosotros no podemos asimilar esas sustancias directamente. Por eso, las plantas, actúan como intermediarias, ya que son los únicos seres vivos capaces de transformar los elementos minerales en moléculas orgánicas, asimilables por los animales y por los seres humanos.

Gaia, como planeta, es un ser independiente de la vida que alberga. Tiene inteligencia propia y sus formas propias de comunicarse como algunos terremotos y eventos climáticos. Digo algunos, porque otros de estos acontecimientos son artificiales, provocados por la mano del ser humano.

Hoy estaba paseando por un parque de una ciudad cualquiera. Observaba cómo las palomas levantaban el vuelo en sincronía. Los cuervos que estaban entre ellas, parecían también sincronizados entre ellos a la hora de graznar o de buscar comida.

Vi cómo la hierba del suelo y las hojas de los árboles se movían suavemente con el viento. Había algunos perros correteando y jugando alegremente con sus dueños. Incluso una pequeña ardilla bajó de uno de los árboles para recibir alimento de una pareja que pasaba por allí.

Y sentí que todo estaba en orden. Como un maravilloso y gran engranaje o puzle en el que cada pieza encaja perfectamente, dentro de su propio espacio y tiempo.

Miré hacia arriba y las nubes, amontonadas en un todo algodonoso y grisáceo, también se movían lentamente (desde mi perspectiva, claro).

Durante unos instantes, pude sentir la sintonía con el planeta, una unidad dentro de lo diverso. Me sentí a la vez parte del todo y todo en su conjunto. Es como si comprendiera un lenguaje no verbal, no lógico, no racional pero sí inteligente, que podemos encontrar en cualquier parte.

Aunque, para ser sincera, en las ciudades resulta más difícil ya que el ajetreo de las actividades cotidianas, preocupaciones, tráfico y ruidos estridentes interfieren con la frecuencia del planeta.

Donde hay mucha actividad artificial sucede algo similar a querer captar una onda de radio dentro de una franja en la que se entremezclan e interfieren otras muchas ondas. Habría que tener un receptor muy potente y afinado para poder seleccionar la onda que queremos dentro de tanta confusión. No es imposible, pero es más difícil que si salimos a dar un paseo por el campo o alguna zona rural alejada del “mundanal ruido”.

Llevamos la frecuencia de Gaia dentro de nuestro cerebro

Su pulsación de vida ha permanecido estable durante muchos años en 7,83 hertzios, aproximadamente. Coincide con una de las frecuencias emitidas por nuestro cerebro cuando nos encontramos en estado de relajación. Incluso ahora que está mucho más acelerada, cuando logramos sintonizar su frecuencia podemos sentir un estado de paz, alegría, serenidad y conciencia sin necesidad de realizar grandes esfuerzos. Solamente con respirar y ser uno mismo.

Esa es la pista más importante para saber que hemos conseguido sintonizar su onda: la paz interior que sentimos. Estar bien con uno mismo sin hacer nada concreto y alegrarse por estar en este mundo, siendo una parte del todo.

Todas las culturas antiguas conocían esta sensación de forma natural. Nosotros, los modernos, tenemos que recuperar ese sentido. La meditación ayuda, también el ejercicio físico no competitivo, yoga, pilates, caminar, nadar, salir a la naturaleza, cultivar plantas, escuchar el sonido de las olas cuando rompen en la playa o el viento cuando juega con las copas de los árboles…

Si permanecemos muchas horas en lugares cerrados, las diferentes frecuencias que envía nuestro cerebro se concentran sobre las paredes, techo, suelo y ambiente del lugar. Además, se entremezclan con las frecuencias que envían los cerebros de todas las personas que pasen por ese mismo lugar, permanezcan o no en él.

Por eso, muchas veces notamos el ambiente cargado y pesado, aunque esté físicamente limpio. También por eso es necesario ventilar cualquier habitación de la casa para que la energía acumulada se mueva. Un lugar aparentemente vacío no se compone solamente de aire. También alberga energía con algún tipo de frecuencia.

Cuanto más baja es la frecuencia de la onda, más pesado resulta el “ambiente”. Cuanto más sube, más liviano parece. Sin embargo, nosotros solamente soportamos un rango de frecuencias: ni muy elevadas ni muy bajas. Sucede lo mismo que con la visión, no podemos ver todas las frecuencias de radiaciones de luz, solamente una franja que llamamos espectro visible (los colores del arco iris).

¿Qué sucede si nos eponemos a frecuencias muy bajas?, que enfermamos hasta que el organismo muere por envenenamiento. ¿Y si nos exponemos a frecuencias tan altas que no las soportamos?, que el cuerpo se desintegra, se “desmaterializa”.

Gaia nos proporciona ese entorno de frecuencias en el que nos podemos desarrollar y mantener cierta continuidad en el tiempo. El planeta alberga rangos de frecuencias muy diversos, desde las más bajas a las más altas. Eso posibilita que la vida se pueda desarrollar dentro de una diversidad impresionante. Desde los minerales más pesados y compactos hasta otras formas de vida que ni siquiera imaginamos dentro de nuestro “espectro de vida visible”.

Lo más hermoso es comprender que todo tiene su motivo y su razón de ser

No hay nada erróneo ni inútil. Todas las frecuencias, todos los átomos, todas las circunstancias y experiencias de vida sirven para algo. Todo tiene su momento y su lugar. Por eso hay quien dice que “existen muchos mundos, pero todos están en este”.

En realidad, para sintonizar la frecuencia del planeta no es necesario hacer nada. Pero por el ritmo que llevamos sería recomendable salir a la naturaleza, estar a solas con uno mismo dando un paseo por el campo, alejados de la actividad humana. Meditar en algún lugar poco cargado también ayuda, escuchar una música tranquila, realizar una actividad que nos guste y relaje. Cada quien, según su momento vital personal, se inclinará por determinadas cosas para entrar en sintonía. No hay una regla única.

Sólo hay que tener en cuenta una cosa: nos inclinaremos hacia aquello con lo que sintonicemos, sean bajas, medias o altas frecuencias. Así que podemos observar lo que nos gusta para saber con qué sintonizamos.

Bueno, algo más. No te obsesiones sobre sintonizar con esta u otra energía. Siente, sé tú mismo, déjate llevar por lo que el corazón te dice e intenta diferenciar lo que la mente te dice. La mente te ofrece lógicas y cálculos, necesarios para organizarse. Pero el corazón te da la vida y conecta de forma natural y directa con la frecuencia de Gaia.

Por eso le puse ese nombre a este blog, en honor y respeto a Gaia, el planeta que nos acoge amorosamente y que también cuenta con sus ciclos de vida.

Para que la vida surja con todo su esplendor, tiene que renovarse cada cierto tiempo. De esa forma, vuelve a comenzar el ciclo.

Gaia Sana

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