el peregrinaje de la vida

El peregrinaje de la Vida

En realidad, todos somos átomos que viajan por el firmamento.

Cada persona es una agrupación de numerosos átomos, que van mutando y transformándose durante toda esta etapa que llamamos vida.

Nos esforzamos tanto por conseguir cosas… Una casa, coche, pareja, ropa elegante y de última moda, comida que desperdiciamos continuamente mientras otros pasan hambre…

¿Cuál es realmente el sentido de la vida? Eso cada quien lo sabe en su interior o, al menos, intenta averiguarlo.

Sin embargo, nos pasamos todos los instantes de nuestra vida perdidos, viviendo ilusiones que no son realmente nuestras y proyectando más espejismos que deseamos experimentar.

¿Qué sucede cuando la vida realiza un giro inesperado y nos rompe todos los esquemas? Que no sabemos qué hacer o a dónde ir.

Pero no nos vamos a poner pesimistas y sombríos, aunque sea necesario reflexionar de vez en cuando.

Cuando tu casa es tu camino y tu refugio es tu propio corazón, llevas como equipaje los recuerdos de las experiencias vividas, buenas y malas.

Si el equipaje es pesado, te costará avanzar. Si es liviano, podrás ir rápido como el viento.

Y, aun así, es importante soltarse de todos los equipajes, poco a poco.

Para que nuestro adn pueda mutar de forma positiva y desarrollar aspectos latentes, necesitamos una psiquis liviana, limpia y transparente como el cristal.

De esa forma, toda energía pasaría a través de nuestro cuerpo y alma, la experimentaríamos y no nos quedaríamos apegados a la experiencia ni a su recuerdo. Pero sí aprenderíamos la lección de vida que acarrea.

Porque el apego, amigos, es la base para crear un equipaje y sufrir. Tanto más pesado cuanto más apegados estemos a objetos, personas, lugares, situaciones o formas de pensar y sentir.

Hace algunos días comencé una aventura que llevaba postergando muchos años. Siempre había un motivo para no iniciarla. Me he desecho de mis cosas, cargo solamente lo necesario y he iniciado el Camino de Santiago.

Podía haber elegido cualquier ruta, ya que somos peregrinos de la vida desde que nacemos y, cada circunstancia, persona y lugar que conocemos, forma parte de ese maravilloso viaje. Incluso cuando nos toca vivir alguna adversidad.

Es el corazón quien marca la ruta. Así que podría decir que, realmente, estoy realizando el Camino de mi Corazón.

Sé que tengo un poco olvidado el blog, pero estoy readaptándome a una forma de vivir completamente diferente. Eso requiere reestructurar la forma de pensar y de sentir. Algo parecido a lo que realiza la oruga en su fase de crisálida, antes de acabar transformada en mariposa. ¿De qué clase?, con el tiempo lo sabremos todos.

No obstante, no podría olvidar una expresión de gratitud hacia Roberto y Jose Manuel, que me ayudareon en un momento muy difícil, al comienzo de esta aventura.

También quería agradecer, desde el alma, a Consuelo y Luis, que me acogieron en su casa como si fuera un familiar. Su calidez y amabilidad me hacen recordar que el mundo está lleno de personas maravillosas, que expresan su cariño de mil formas diferentes. Sin olvidarme de Ana quien, desde su biblioteca, movió los hilos para que se realizara esta maravillosa convivencia.

Y, aunque me encuentre con otras personas, a quienes podríamos calificar como “no tan buenos”, simplemente recordar que les falta amor y que, tal vez, su momento personal de vida no les permita hacer otra cosa. Hay muchas personas que no han conocido una expresión de cariño hasta que los tienes delante y, para ellos, aunque sea difícil, hay que darles lo mejor de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Así reciben una impresión diferente de lo que hasta ahora han conocido. Y eso constituye otra faceta de la vida: los intercambios de energía.

Ahora bien, hay que fortalecer alma, mente y cuerpo para poder soportar “el chaparrón” y, después, saber transformar las impresiones negativas para que no nos dañen. Desprenderse del “equipaje pesado” recibido y continuar la marcha.

No entro en cuál es el momento personal de vida de los demás, porque es algo privado e íntimo.

Pero si, cada día, me levanto con la expectativa de un niño que quiere aprenderlo todo y con la ilusión de descubrir nuevas cosas, tal vez, consiga llenar de plenitud cada momento de mi viaje.

Y, dentro de esa plenitud, agradecer a la Vida por el don precioso que ha otorgado a cada uno de mis muchos átomos, agrupados para constituir un ser humano, ahora itinerante y con anhelo de descubrir la belleza de lo nuevo, de lo desconocido en cada instante.

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